Ecueil - Montagne de Reims

Champagne Leclere Pointillart

Leclère-Pointillart propone champagnes a la vez estructurados y accesibles, con una verdadera constancia en el estilo.

Procedentes de terroirs clasificados Premier Cru en Écueil, los vinos destacan un Pinot Noir generoso, respaldado por maduraciones completas y largas crianzas que aportan profundidad sin aligerar el conjunto.

Un dominio elegido por su equilibrio: cuvées golosas y accesibles para acompañarle tanto en el aperitivo como en la mesa.

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Un terruño con carácter en la Montagne de Reims

Leclère-Pointillart ofrece Champagnes a la vez estructurados y accesibles, con una verdadera constancia en el estilo.

Procedentes de terroirs clasificados Premier Cru en Écueil, los vinos destacan un Pinot Noir generoso, con maduraciones óptimas y crianzas prolongadas que aportan profundidad sin aportar pesadez al conjunto.

Una casa elegida por su equilibrio: vinos expresivos y accesibles, ideales tanto para el aperitivo como para acompañar la mesa.

Una casa familiar en constante evolución

La historia de la casa comienza en 1947 con Jules Brochet, antes de desarrollarse a lo largo de las generaciones por André Leclère, Jean Pointillart y posteriormente Patrice Leclère. La creación de la marca Leclère-Pointillart en 1978 marca una etapa clave en la estructuración de la casa.

Hoy, Guillaume Leclère continúa este trabajo familiar con la misma exigencia, en una explotación a escala humana. Comprometido con la regularidad y la precisión, sigue una viticultura razonada, prestando especial atención al respeto de los suelos y a la calidad de la uva. Desde la vendimia manual hasta la elaboración de los vinos, cada etapa está controlada para garantizar la constancia del estilo.

Un estilo generoso, estructurado y accesible

Los Champagnes Leclère-Pointillart expresan toda la riqueza del terruño de Écueil a través de vinos estructurados, afrutados y equilibrados, donde el Pinot Noir desempeña un papel central.

La vinificación en depósitos de acero inoxidable permite preservar la pureza de la fruta, mientras que la fermentación maloláctica, realizada en la gran mayoría de los vinos, aporta redondez y armonía. Las largas crianzas en bodega —hasta 5 años para los Brut sin añada y de 8 a 10 años para los vinos de añada— permiten desarrollar una gran complejidad aromática.

El resultado: Champagnes a la vez expresivos y precisos, con buena estructura, una madurez controlada y un final fresco, lo que los hace especialmente versátiles.